miércoles, 3 de septiembre de 2008

SEIS CORONAS

La Biblia habla de por lo menos 6 recompensas especiales para todo aquellos que han sido salvos y han servido al Señor con fidelidad. El Nuevo Testamento le llama a estas recompensas "Coronas". En el Día del Juicio todo cristiano será juzgado no por sus pecados porque estos ya han sido pagados en la cruz. No es un juicio para determinar si se queda en el cielo o se va al infierno ya que todo creyente tiene vida eterna, si no que es un juicio para recompensar las obras que hemos hecho en vida
Recuerdo una ilustración que oí de un pastor hace muchos años. El decía que en el cielo van a haber varios hermanos con llaveritos. La razón era por que El Señor les iba dar una coronita pequeñita de acuerdo a sus pocas obras…que ellos las iban a usar como llaveros. Esta imagen en su mente tal vez a usted le parezca cómica pero la realidad es, ¿cuantas coronas cree usted que le va a dar el Señor?

Corona De La Vida – Para los que resisten la tentación
Bienaventurado el varón que soporta la tentación; porque cuando haya resistido la prueba, recibirá la corona de vida, que Dios ha prometido a los que le aman. (Santiago 1:12)

 Corona Del Mártir – Para los que han muerto por el Señor
No temas en nada lo que vas a padecer. He aquí, el diablo echará a algunos de vosotros en la cárcel, para que seáis probados, y tendréis tribulación por diez días. Sé fiel hasta la muerte, y yo te daré la corona de la vida. (Apocalipsis 2:10)

Corona De Justicia - Para los que aman la doctrina del la segunda venida del Señor Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que aman su venida. (2 Timoteo 4:8)

 Corona Incorruptible – Para los que han alcanzado el dominio propio Todo aquel que lucha, de todo se abstiene; ellos, a la verdad, para recibir una corona corruptible, pero nosotros, una incorruptible. (1 Corintios 9:25)

Corona De Gloria – Para los predicadores, maestros y ancianos de la iglesia Y cuando aparezca el Príncipe de los pastores, vosotros recibiréis la corona incorruptible de gloria. (1 Pedro 5:4)

Corona de Gozo – Para los que ganan almas Porque ¿cuál es nuestra esperanza, o gozo, o corona de que me gloríe? ¿No lo sois vosotros, delante de nuestro Señor Jesucristo, en su venida?
Vosotros sois nuestra gloria y gozo. (1 Tesalonicenses 2:19-20)
  

Esperar en Dios... hasta cuándo?

He aquí, he comenzado a darte... comienza pues a poseer (Dt 2:31)

Muchas veces la Biblia nos habla al respecto de esperar en el Señor. Todo el énfasis que le diéramos a este punto nunca ser suficiente. Fácilmente nos sentimos impacientes ante la demora de Dios. Gran parte de nuestras aflicciones provienen del apuro. Es  como si no pudiésemos esperar el fruto hasta que madurase, y quisiésemos cosecharlo verde. No logramos esperar por la respuesta de nuestras oraciones, a parte que a veces sean necesarios largos años de preparación para que aquello que pedimos llegue a ser nuestro. Somos exhortados a andar con Dios; muchas veces, Dios, a nuestro parecer,  anda muy lento. Con todo,  la lección tiene otra cara: Dios frecuentemente espera por nosotros.

Varias veces dejamos de recibir la bendición que él preparó para nosotros, porque no estamos avanzando con él. Así es como perdemos muchas bendiciones por no esperar en Dios, también por esperar fuera del tiempo. Hay ocasiones en que nuestra fuerza se revela al hecho de permanecer quietos, mas hay también ocasiones en que debemos avanzar con paso firme.
Muchas promesas de Dios están condicionadas a un comienzo de acción de nuestra parte, esto es, cuando comenzamos a obedecer, Dios comienza a bendecirnos. Grandes promesas fueron hechas a Abraham, pero ninguna de ellas podría haber sido alcanzada si él hubiese quedado esperando en la ciudad de Ur de los Caldeos. l tuvo que dejar el hogar, los amigos, a los padres y salir por caminos desconocidos, continuar avanzando en constante obediencia, a fin de recibir las promesas. Los 10 leprosos recibieron la orden de ir a presentarse al sacerdote, y, yendo ellos, fueron purificados. Si hubieran esperado para ver la purificación en sus cuerpos antes de que saliesen, nunca la hubieran visto. Dios estaba esperando, para purificarlos; y en el momento que su fe entro en acción, la bendición vino.
Cuando los israelitas estaban sin Salida, perseguidos por el ejército junto al mar rojo, Dios les ordeno que marchasen. Su deber no era esperar mas, pero si levantarse de sus rodillas y avanzar en el camino de la fe. También en otra ocasión recibieron orden de mostrar su fe, avanzando delante del Jordán cuando sus aguas corrían y transbordaban por sus orillas. Ellos tenían en la mano la llave para abrir la puerta de la Tierra Prometida, pero la puerta no se movería, mientras no se acercasen a ella y la quitasen.

Aquella llave era la fe. Nosotros somos colocados delante de ciertas batallas. Decimos que nunca seremos victoriosos; que nunca derrotaremos a aquellos enemigos; pero, cuando entramos en el conflicto, alguien se acerca y lucha a nuestro lado, y por medio de él somos mas que vencedores. Si, temiendo  y temblando, hubiésemos quedado en espera de la manifestación de nuestro ayudador, antes de entrarnos en la batalla, hubiéramos esperado en vano. Dios está esperando para derramar ricas bendiciones sobre nosotros. Avancemos confiadamente y tomemos lo que es nuestro. Yo he comenzado a darte, comienza a poseer. 
Oremos: Señor danos discernimiento para que sepamos la hora de esperar por Ti y la hora de proseguir Contigo. La única certeza que tenemos en el momento es que somos totalmente dependientes de Tu amor. En nombre de Jesús. Amén! Dios nos bendiga!

martes, 2 de septiembre de 2008

Transformación

¡El sufrimiento nos eleva a Dios!

Ps. Diego Arbeláez -

[...] transformaré su "Valle de Penas" en una "Puerta de Esperanzas" [...]
(Oseas 2:15, La Biblia al día).

No es lo que tenemos, o lo que somos, o donde estamos, o lo que realizamos, lo que nos hace felices o desgraciados. Es lo que pensamos acerca de todo ello. Así, por ejemplo, dos personas pueden estar en el mismo sitio, ejecutando el mismo trabajo, ambas pueden tener sumas iguales de dinero e igual prestigio y sin embargo una es feliz y la otra no. ¿Por qué? Porque su actitud mental es diferente. La naturaleza de la lluvia es la misma, y sin embargo produce espinas en el pantano y flores en el jardín.

Algunas veces Dios permite que andemos a oscuras para mostrarnos que él es la luz. La siguiente historia acerca de un hombre que tenía la vida tomada por el mango, pero que al final se le desprendió, lo ilustra magistralmente:

Ladislao Vidal nació en España, de donde emigró a Cuba. Residía en un puerto llamado Mariel donde llegó a ser dueño de un almacén de ropa y a poseer un buen capital en dólares. Los miembros de una iglesia cristiana le regalaban folletos y libros y le invitaban a asistir a los cultos de la iglesia; pero Ladislao no prestaba atención. Los negocios iban bien, él se creía un hombre seguro, bueno, digno y justo. No sentía ninguna inquietud espiritual. Su negocio reclamaba toda su atención. Según decía, las cosas espirituales eran buenas para los viejos; pero él no las necesitaba.

Allá por los años de 1930 al 32 se experimentó en Cuba una gran depresión económica y los negocios de Ladislao Vidal comenzaron a ir hacia abajo de una manera alarmante. Y al final vino el derrumbe y la ruina. Ante el desastre económico, su esposa se marchó a casa de sus padres, y Ladislao buscó refugio en casa de un hermano que vivía en Quiebra Hacha, lugar cercano a Mariel. Al verse allí sin hogar, sin esposa, sin trabajo, en la ruina total, iba todas las tardes a una loma desde la que se veía la población de Mariel, y allí se sentaba a contemplar el lugar donde había quedado sepultada su fortuna y felicidad y como, no hay dolor más grande que acordarse del tiempo feliz en la desgracia, una tarde se echó a llorar como un niño y era tan grande su aflicción que decidió quitarse la vida. Regresó a la casa de su hermano, y al buscar un papel para escribir una nota explicando el motivo de su drástica decisión, se encontró un Nuevo Testamento; lo abrió y empezó a leer. El resultado fue que este hombre abrió la puerta de su corazón a Jesucristo, y con él entraron la paz y el gozo, una nueva vida y la esperanza de la gloria eterna.

Días más tarde Ladislao oraba con rostro radiante de regocijo: "Te doy gracias Dios porque he perdido todo lo que tenía en este mundo. La pérdida de los bienes materiales me condujo a buscar los bienes espirituales y eternos. Si no hubiera perdido todo mi dinero nunca te hubiera buscado ¡Gracias querido Dios por todo lo que me has dado, por todo lo que me has quitado y por todo lo que me has dejado!"

¿Ve usted como el sol de la esperanza brilla mejor cuando se asoma detrás de una nube de temores y aflicciones?

Los golpes de la adversidad son muy amargos pero nunca son estériles. La prosperidad descubre nuestros vicios pero la adversidad descubre nuestras virtudes.

La adversidad es como un ventarrón: nos lo arranca todo, menos lo que no se puede arrancar, y así nos vemos como de verdad somos.

El fracaso debería enseñarnos humildad, pues no somos tan listos como a veces nos creemos, y el tener que inclinar la cabeza de vez en cuando añade algo a nuestra personalidad. Es bueno conocer nuestras debilidades, aprender nuestras limitaciones. Es posible que fracasemos en lo que hagamos, pero podemos tener éxito en lo que hayamos aprendido. ¡Y eso es ya un verdadero éxito! Recuerde: usted no esta acabado cuando le derrotan sino cuando se da por vencido.

Dios no permitiría jamás el mal si no fuese lo bastante poderoso y lo bastante bueno para sacar el bien de ese mismo mal. Confíe en que él no cierra una puerta sin abrir otra. Él sabe sacar el bien de lo que nos parece un mal. Si usted cree en la soberanía de Dios, como creo yo, sabe que Dios puede hacer que una mala decisión resulte en bien. Él puede hacer un milagro de una equivocación.

Para reflexionar en familia

1. ¿Puede usted creer que el comentario anterior es la manera como Dios ha pensado en usted?

2. Comparta alguna experiencia en que reconoce que Jesús le mostró su amor en el fracaso y le condujo a algo mejor.

"Algunos hombres son como vasos musicales: para que produzcan
 las notas más finas, tienes que mantenerles mojados"
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